Jun
27
Hay gente a la que le molestan las despedidas, no es mi caso. Y mucho menos cuando son como esta. Ha pasado el plazo establecido por la asociación AMASA y por la Escuela de Grandes Cocineros San Croquetoncio Artesano, y oficialmente estoy de vacaciones desde principios de Junio.
A lo largo del tiempo que ha durado esta andadura he tratado de sembrar, en los corazones de aquellos que visitaban la web, trocitos de pan rallado que germinaran al ritmo de sus pulsaciones, para acabar instalando la flor de la croqueta en el interior de cada uno.
Ahora toca descansar y dejar que la flor corra por los campos y se expanda, que la polinicen y que dé fruto, y a ver si, con un poco de suerte acabamos cagando croquetas todos los días a la hora del aperitivo.
Las nuevas propuestas croquetiles llegarán tras los calores, como la gota fría. Hasta entonces andaré guardando a buen recaudo todas las croquetas que vaya encontrando por el camino.
Un saludo.
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May
28
Hace unos días apareció, entre los coches aparcados en mi calle, un Ford Fiesta con una piedra, de al menos cien kilos, atravesando su luna delantera. Y fui yo el causante.
Mi madre hacía el cocido los jueves por la tarde, así le daba tiempo a preparar toda la parafernalia para pasar el fin de semana. Clasificaba las cantidades de caldo, tenía que haber suficiente para hacer fideos, pelotas de relleno y arroz, y si podía ser, que sobrara un poco. Repartía también los garbanzos y demás elementos sólidos para hacer ropa vieja y que quedara para lo demás.
Pero un jueves, llegando el verano, mientras dormíamos la siesta con las ventanas abiertas, empezó a sonar la alarma de un coche, con el correspondiente sobresalto para todos los miembros de una casa que permanecía en completo silencio.
Por supuesto, nos asomamos a la ventana a ver de dónde provenía tan hiriente sonido. En la primera ojeada vimos un Ford Fiesta azul con las luces de emergencia iluminadas y sonando como un energúmeno.
A partir de ese momento ya nadie pudo coger el sueño en mi casa.
Aquel día mi madre puso el cocido al fuego pensando más en la alarma del coche que en otra cosa. A la hora de hacer las reparticiones, puso todas las cantidades al revés, y antes de que nos diéramos cuenta, la carne reservada para hacer croquetas nos la estábamos comiendo frita con ajos tiernos.
Este martes iba a hacer cocido a la vieja usanza, esperaba tener comida para toda la semana. Cuando iba para casa vi aparcado en mi calle un coche exactamente igual al que aquél día nos trastornó la siesta.
Lo tuve claro. A mi nadie me amarga las croquetas.
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May
27
Me he aburrido de ir a ver las obras que hay cerca de mi casa, las conozco todas y la mayoría han hecho los cerramientos, así que sólo puedo ver los avances por el hueco de las ventanas, perdiendo toda la gracia, porque, a esa distancia, no se distingue bien si los niveles quedan rectos o no.
Ahora, para pasar la mañana, me desplazo a la otra punta de la ciudad, que es un hervidero de obras recién empezadas y donde disfruto observando todos los pasos y todos los tropiezos de lo que un día serán hogares de algunas personas.
Pero esto tiene un inconveniente. Tengo que ir en coche, y lo haga como lo haga, siempre encuentro atasco para llegar a mi destino. Da igual la hora a la que pretenda ir y, por supuesto, da igual el itinerario que decida. Todas las calles a todas horas están colapsadas de vehículos.
Y cada vez que me quedo encajado en un atasco, me acuerdo del primero que sufrí. Andaba entonces tratando de escribir un cuento infantil sobre un niño que podía hablar con los peces cuando nadaba en el mar y que corría mil aventuras para salvar al rey pez de un reino submarino.
Cada vez que entro en un atasco me acuerdo de aquella historia y no puedo quitármela de la cabeza. Comienzo a pensar en el mar y en jugar con los calamares y las medusas. Entonces me acuerdo de dónde estoy y todavía se me hace más cuesta arriba. Y deseo, claro, vivir en el mar y poder hablar con los peces y correr mil aventuras como en el cuento que salió de mis entrañas.
Pero después paro, miro hacia delante y vuelvo a desear únicamente ver obras. Y es que bajo el mar el pan se pone blando, y blando es imposible rallarlo para rebozar las croquetas.
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May
27
Pasé durante algún tiempo por delante de una obra que construían cerca de mi casa. Y siempre que pasaba, había un vecino, jubilado el hombre, observando el trabajo de los obreros.
Cuando terminaron los albañiles, vino una cuadrilla de escayolistas para realizar unos adornos y una balaustrada en el balcón.
Un día que pasé, andaba discutiendo el vecino con uno de los escayolistas. No presté mucha atención a lo que hablaban, pero se les veía alterados.
A partir de aquél día, no volví a ver al hombre frente a la obra.
No había pasado una semana desde que terminaron la casa, cuando empezó a desconcharse el balcón.
Nunca vi la cara del hombre al enterarse, pero tengo claro que es la misma que pongo yo cuando me como una croqueta. Satisfacción.
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May
25
Compré una vez, hace algún tiempo, una pastilla de jabón redonda. La pastilla no poseía ningún atributo especial, aparte de su forma redonda. La compré porque me parecía gracioso observar como esa pelota se iba haciendo cada vez más pequeña, pasaba por el tamaño de una pelota de ping-pong, después por el de una canica y después de dar toda su fragancia y su espuma, terminaba por desaparecer.
Pero el juego no resultó ser tan divertido como esperaba. Al poco tiempo, y debido sin duda, a las cavidades irregulares de las palmas de mis manos, la esfera perfecta comenzó a rebajarse más por unos lugares que por otros. Terminó convirtiéndose en un óvalo, perdiendo su perfección y el motivo por el que la compré.
Entonces una idea se incrustó en mi córtex y permaneció inamovible en aquél lugar durante algún tiempo. Pensé que mi organismo había evolucionado tomando como referencia la croqueta, por eso, la forma natural que moldeaban mis manos no era circular sino croquetil.
Aquello me obsesionó un poco, puesto que no sabía cuál sería el siguiente paso en la evolución croquetense. Pensé en que se me estaba cayendo el pelo porque el destino de mi cabeza era el rebozado, también se me ocurrió que en mis venas dejaría de correr la sangre y mi corazón comenzaría a bombear bechamel.
Cuando estaba al borde del abismo, dudando antes de dar cualquier paso, por miedo a que se me pusiera la carne de la gallina de un cocido, empecé a ver la luz.
Por aquellos entonces, me invitaron a una fiesta en casa de un reputado escritor que acababa de recibir un premio. Andaba perdido entre invitados de alta alcurnia y cócteles de alta gradación, cuando tuve unas ganas enormes, como siempre, de evacuar mis líquidos interiores.
Cuando me dirigía a lavarme las manos me encontré con el pastel, no sólo había en aquél cuarto de aseo una pastilla de jabón redonda como la que yo compré, sino que estaba más desgastada por unas partes que por otras formando un óvalo, y eso que yo todavía no la había tocado.
Entonces lo tuve claro, no era mi cuerpo el que estaba evolucionando hacia la croqueta, era la naturaleza entera la que viajaba sin retorno hacia un futuro ovalado y con pan rallado en lugar de pelo.
Por fin pude respirar tranquilo.
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May
21
CALENDARIO
Clasificado en General
Desde hace algún tiempo desaparecieron los gatos y los perros pequeños de las fotos de los calendarios, cosa que me apena sobremanera. Siempre me resultaron graciosas las fotos de los gatos acunados como si fueran bebés.
El cambio fue drástico, acostumbrados a los cachorros, comenzamos a ver animales un poco más grandes.
De la noche a la mañana, empezamos a ver bomberos luciendo sus atributos. La excusa es lo de menos, la cuestión es despelotarse para estar colgado durante todo el año en los talleres de costura de media España.
El resultado de todo esto es que los bomberos han copado las portadas de calendario sin tener en cuenta al resto del mundo. A mí, como a la mayoría de las modistas, no me importa que aparezcan luciendo sus músculos y con poses un tanto extrañas como para apagar un fuego, pero pienso en los muchos colectivos que se ven desplazados en su oportunidad.
Por eso, por el bien de todos y para que nadie se sienta excluido, pienso que, el salir en los calendarios, debería ser algo rotativo, dando pie a que todos los gremios pudieran dar a conocer el interior de sus profesiones.
Me gustaría que un año aparecieran los carniceros mostrando las chuletas o haciendo embutido, o los churreros, usando las porras para tapar sus partes pudendas.
Si esto sucediera, podríamos usar los calendarios, incluso, como soporte promocional de los productos típicos de cada zona y dar a conocer la artesanía de cada pueblo.
Lo que no me imagino es al camarero del bar de mi calle tapándose los pezones con croquetas.
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May
20
REGULARIDAD
Clasificado en General
Una de las grandezas que tiene nuestro cuerpo es que tiene una memoria intrínseca que se acuerda de hacer funcionar al cuerpo sin que nos tengamos que preocupar de nada. Nadie tiene que preocuparse por respirar porque el cuerpo ya se encarga de llevarlo a cabo, no hay que acordarse de descansar o de comer porque te lo va pidiendo el cuerpo según lo vas necesitando, igual que tomar cervecitas, cuando hay necesidad, el cuerpo te va llevando por el camino más corto hacia el bar.
Lo mejor de esto es que hay funciones que puedes alterar para llevarlas a tu terreno. Con un poco de constancia conseguí hacer de cuerpo todos los días a la misma hora, como un reloj.
Estaba trabajando en una fábrica, tenía la responsabilidad, sentado delante de una cinta transportadora, de separar los garbanzos negros del resto antes de empaquetarlos. Resultaba realmente estresante que recayera sobre mi persona el resultado final de las croquetas de cocido. Sentía sobre mis espaldas la carga de la nutrición de calidad en las familias españolas.
Hasta que un día, el cargo pudo conmigo y decidí rebelarme. Fui alargando los tiempos entre una defecación y la siguiente, así conseguí regular mi organismo para sentir la llamada de la naturaleza, diariamente, a las cuatro y media.
Aquello se convirtió en mi válvula de escape, empecé a hacer oídos sordos a los dictados de mi conciencia y me dejé llevar por lo que me pedía el cuerpo. Dejaba mi puesto de trabajo e iba al aseo a cumplir con la tarea.
Éste pasó a ser el momento más gozoso del día, apartaba a un lado la responsabilidad apabullante y soltaba el lastre de todas las horas que tenía que permanecer atento ante cualquier adversidad.
Era tal la liberación, que empecé a cantar durante aquellos ratos. Primero solamente tarareaba, pero, con el paso del tiempo, llegué a entonar a voz en grito “El ramito de violetas” cada vez que entraba.
La cosa acabó, como siempre, cuando el encargado se enteró de lo que estaba pasando.
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May
19
MALA NOCHE
Clasificado en General
He pasado mala noche. Le ocurre a todo el mundo. Tarde o temprano, llega un día en tu vida en el que no descansas todo lo que deberías mientras duermes. Hay muchas cosas que te quitan el sueño, sobre todo cuando eres adulto.
A mí me ocurrió anoche, no sé si fueron los jalapeños o el chorizo de las alubias, pero el caso es que algo de lo que cené, no me sentó bien. Y he tenido una pesadilla.
Creo que ha sido la peor pesadilla que he tenido jamás, al menos es la peor de cuantas recuerdo.
Todo comenzaba en el bar que frecuento los fines de semana para tomar el aperitivo, era un sábado por la mañana y yo acudía demasiado temprano, cuando entré no había llegado todavía ninguno de los parroquianos y, para hacer tiempo, pedí la cervecita de siempre y un plato de croquetas.
El aviso de lo que tenía que ocurrir llegó con el camarero. La cerveza que me sirvió, en lugar de tener el tono dorado que nos hace enloquecer, era de un rojo subido, como la sangre. Debería haberme despertado entonces, porque lo siguiente fue devastador.
El semblante del camarero cuando trajo la tapa era un tanto sombrío, el por qué lo descubrí al momento. En el plato, todas las croquetas estaban en pie y saltaban hacia un pequeño pegote de mayonesa que había en el centro.
Aquellos seres habían cobrado vida para manifestarse en contra de la dieta mediterránea, se les había metido en la cabeza que formando parte del sector de la comida rápida estarían mucho mejor valoradas, por lo que decidieron enarbolarse en contra del aceite de oliva como medio de freiduría y únicamente querían flotar en mantequilla. Alababan las bonanzas de las grasas saturadas y estaban en trámites con las patatas fritas para ofrecerse de acompañamiento a las hamburguesas.
Las croquetas habían renegado de sus raíces.
Fue entonces cuando desperté sobresaltado y sin saber por qué, me invadió la misma sensación que cuando descubrí que Marion Jones se había dopado para ser la más rápida.
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May
18
Cada día me sucede un poco después, y el resultado es que, al día siguiente el infierno empieza un poco antes.
Y es que ser carnicero tiene algunos secretos, los cortes deben ser limpios, hay que pesar la carne antes de quitar los huesos y, sobre todo, nunca hay que rebanarse los dedos. Pero cuando aprendes esos trucos, ya no hay nada que se interponga entre tu oficio y tú. Todos los días son cuarto y mitad de chóped, cuatro longanizas y doce tiras de lomo en adobo de ese tan bueno que hacéis aquí.
Pero para cocinar todos los días no vale con algunos secretos. Me ocurre cada día, que pienso más tarde en lo que voy a comer al día siguiente, con lo que, en la mayoría de las ocasiones, todos los establecimientos donde conseguir cualquier ingrediente andan cerrados. Y el infierno de tener que andar de una tienda a otra para conseguir cualquier cosa, empieza antes, simple y llanamente para tener tiempo suficiente de llevar a cabo los pasos necesarios para poder llevarte algo a la boca.
Y es que hay pocas tareas en la vida que requieran de tanta energía como pensar en qué hacer de comer. Tomamos como referentes culinarios a los grandes chefs y los cocineros reputados, pero ellos se inventan una carta y la explotan durante, al menos cuatro meses, y si los platos funcionan, pueden aguantar en la carta, temporada tras temporada. El verdadero campo de batalla se encuentra en la intimidad del hogar, donde no puedes repetir plato en, al menos dos semanas, y tienes que compaginar la aversión por el pescado con la pasión por el marmitako en la misma mesa.
De ahí es de donde viene mi tremenda fascinación por las croquetas, bueno, por las croquetas y por el ama de casa que las inventara, porque mientras nacía un manjar, ella andaba diciendo para sus adentros, “lo mezclo todo y lo rebozo, aunque no haga gusto a nada”.
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May
13
Cuando era pequeño, siempre dudaba entre el crocanti de vainilla y el bombón de nata recubierto de chocolate. Eran mis favoritos, para mí, no existían más helados que esos.
En la mayoría de las ocasiones resultaba vencedor el bombón. La razón que me decantaba era que veía al bombón más desamparado. El crocanti era un helado con más clase, tenía pequeños trozos que lo envolvían y andaba llamando la atención, sin embargo el bombón era sobrio, discreto. Yo pensaba que era como el niño tímido que se queda sólo todo el recreo.
Pero lo mejor venía después, porque comerse un bombón de nata recubierto de chocolate es muy parecido a vivir una vida. Tienes que estar siempre atento, porque como te despistes un poco, anda chorreándote por la mano, y tienes que llevar cuidado donde muerdes, porque, si pretendes pasarte de listo, lo más seguro es que parte de la cubierta de chocolate, que por otro lado es lo más interesante, acabe en el suelo.
El problema añadido que tiene el bombón es que si, por evitar estos males, te lo comes demasiado rápido, lo más probable es que acabes mirando cómo, a tu alrededor, a todo el mundo le queda un trozo. Te quedará la sensación de que no lo has saboreado lo suficiente.
Bueno, a lo mejor la vida se parece más a una croqueta, no lo sé.
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