Oct
21
PARROQUIANO
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Con el tiempo, y la experiencia, me he dado cuenta de que la profesión menos valorada en este mundo es la de parroquiano de un bar cualquiera.
Es una profesión ingrata. Estos trabajadores son prácticamente los únicos a los que les gustaría ticar siete días por semana. Pero el dueño del bar, a pesar de conocerlos de toda la vida, siendo sus mejores clientes, viviendo prácticamente a su costa, decide cerrar el bar un día por semana.
Y esta situación es la que hiere realmente al parroquiano. Es la que le subleva y le hace pensar, aunque sea durante breves instantes, que va a cambiar de hábitos.
Porque, claro, casi nadie conoce el camino recorrido por el parroquiano hasta que logra encontrar su lugar.
Nunca nos paramos a pensar en las puertas que ha tenido que tocar, ni los antros en los que lo ha intentado. Eso sin contar con todos los que han visto como irremediablemente traspasaban su bar de referencia.
Estos hombres, el día que el dueño del bar descansa, se encuentran con banquetas incómodas, con cervezas no lo suficientemente frías y con bares en los que no se puede fumar.
Entran en lugares extraños, donde no conocen a ninguna de las personas que están sentadas en la barra. Tienen que soportar miradas inquisitivas que los desnudan de arriba abajo. Y siempre, siempre, les queda la sensación de pedir limosna cuando piden una copa.
Es por todo esto, por lo que desde aquí lanzo un alegato a favor de que estén siempre abiertos todos los bares de referencia. Sin horarios ni festivos. Que haya un lugar disponible para cada uno de los parroquianos de este mundo.
Porque en estos casos ocurre exactamente igual que con las croquetas; como en casa, en ningún sitio.
Desdentado




alego a tu comentario de hoy, que aunque descanses un dia de tomar cerveza no pasa nada.piensa que es como el que coge un año sabático.
Hoy me he acordado de PUCETV, he comido croquetas. Y como siempre mi madre mantiene el listón muy alto. A ver si le hago una foto a una y te la mando.
Un beso de pan rallado
Barman El legítimo barman, enamorado de su profesión y dedicado exclusivamente a ella, no debe ser considerado un simple mezclador de bebidas, ni tampoco un empleado común que se dedica a tal tarea. No creemos exagerado comparar al barman con un director de orquesta. Él esta colocado detrás de su batería de botellas, implementos y accesorios, que cobran vida cuando, en base a su experiencia e inspiración, los obliga a dar lo mejor de cada uno. También el barman está frente a su público, al que debe interpretar de acuerdo con el momento, el carácter y la psicología de cada individuo. Para ello se necesita algo más que una gran experiencia –indispensable por cierto– el conocimiento del elemento humano y la sensibilidad necesaria para comprender a cada uno. Más de una vez, el barman se encuentra ante desconocidos que a la segunda o tercera copa, le abren su corazón. ¿Efecto del alcohol? ¡En parte! Pero también efecto, y muy importante por cierto, de la simpatía que ha logrado inspirar gracias a sus conocimientos y experiencia. El barman, en contacto directo y permanente con el público, debe cuidar especialmente su aspecto y paralelamente, el de su trato. Debe ser amable, comprensivo, atento, respetuoso, medido, correcto. Ni demasiado efusivo, ni demasiado serio.
u por supuesto tanbien tiene derecho a descansar