Nov
3
De un tiempo a esta parte tiendo la ropa dentro de casa. No es que me haya vuelto huraño, ni que me dé miedo la luz del sol, no. Es que llueve, y es imposible secar la ropa si no es al lado del radiador. Y me acuerdo cada vez que pongo una lavadora de aquello de que el tiempo pone a cada uno en su lugar.
A mis pantalones el tiempo ya los ha puesto en su lugar, pero ¿cuánto tiempo hay que esperar para que se ponga a todo el mundo en su sitio?
Tal vez para cuando el tiempo quiera ponernos a cada uno en nuestro sitio, ya estaremos aburridos de esperar. Casi es mejor ir cambiando a menudo para que nunca le dé tiempo al tiempo a colocarte en el lugar que te corresponde. Esperar a estar en tu lugar se hace eterno, como los segundos que tarda un test de embarazo en dar la respuesta. Y esperar a saberte vencedor sobre tus enemigos es todavía más insoportable.
Además, nadie asegura el tiempo que estaremos en el lugar que merecemos. El tiempo hace que los narcisos florezcan, y que adornen tu casa durante unos días, pero de manera efímera, igual que si consigues ser miss Ponferrada. Es tan breve ese lapso que casi merece la pena no invertir tanto tiempo en ser la más guapa.
Para cuando el tiempo haga que mi vecina del tercero se dé cuenta de lo bien que me queda el jersey de lana que tricotó mi madre, seguro que lo tengo lleno de bolas, y así, casi mejor que no me vea.
Por eso he decidido hacer tiempo preparando unas croquetas, y, subir a verla con una botella de vino, por si quiere cenar conmigo, y de paso me pongo el jersey nuevo. A ver si se fija.
Desdentado




O el tiempo es muy lento o yo soy más rápido que él, porque no acabo de ubicarme en esta vida.
Pero siempre llego a tiempo de comerme una croqueta
Muy bueno el post o, como diríamos aqui, el poh (con h ahpirada)