¡El croquetalismo ha llegado!

FRONTERIZO

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Siempre que vemos los mapas, pensamos que la frontera es una línea indivisible que separa las costumbres y tradiciones de las partes que separa. Pero cuando nos acercamos un poco nos damos cuenta de que la realidad es otra totalmente diferente. Los que están aquí tienen mucho más que ver con los que están allí que con algunos de los que están aquí, y los que están allí tienen mucho más que ver con los que están aquí que con otros que están allí. Porque las nubes no se acuerdan nunca de que ahí hay una frontera y si deciden descargar, no respetan los pactos que dicen que los de aquí están aquí y los de allí están allí.
Por eso me gustan las zonas fronterizas, porque nada es lo que parece, y lo que suponemos un logro cosechado por los que están aquí, normalmente los que están allí lo saben desde mucho antes de que los que estamos aquí nos planteásemos que necesitábamos solucionarlo.
El ejemplo más claro está en los ríos, ellos siguen su curso por mucho que los humanos se empeñen en decir que hay partes que son de unos y otras de los de más allá.
Algo así ocurrió entré Isabel y Fernando. Cuentan los historiadores que fue por motivos puramente políticos, pero la realidad es que ellos vivían en dos pueblos contiguos pero separados por la frontera del reino.
Se casaron porque se querían y porque la madre de Isabel hacía unas croquetas que quitaban el hipo. Al principio todo el mundo estaba en contra suya, pero claro, las costumbres eran las mismas. El problema era dónde hacer el banquete, si en un lado de la frontera o en otro. Por eso, y nada más que por eso, unieron los reinos de Castilla y Aragón.

Desdentado

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