Dic
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EL ELEGIDO
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Nunca se me dio excepcionalmente bien aquello de elegir. Ya sé que es ley de vida, que todo el mundo, a todas horas, está eligiendo. Pero yo a menudo me pregunto si no habrá un camino más fácil para resolver las cosas que tener que escoger entre varias opciones.
Claro, queda que te obliguen a escoger una, y sabemos todos que aquello es peor.
Cuando comencé a leer novelas para adultos me hice socio de la biblioteca.
No hay nada más fácil en este mundo que leer una novela, únicamente tienes que ir a la biblioteca y coger la que más te apetezca. Pero tienes que elegirla.
Para mi era un suplicio, pasaba horas recorriendo los pasillos, mirando todos los lomos, saboreando cada textura y tratando de ir descartando estantería tras estantería para quedarme sólo con uno.
Era una tarea tremenda separar los libros que me interesaban de los que me podían interesar. Uno de los trucos que hacía para intentar encontrar una novela, era consultar la biografía de los autores. Aquellos que habían muerto con menos de cuarenta años eran los que tenían preferencia, por aquello de que habían tenido menos tiempo para buscar quién les publicara.
Otra de las técnicas, para decidir cuando dudaba entre unos pocos, era la cromática, tenían preferencia los libros que tuvieran el lomo de alguno de los colores predominantes en la estación del año en que estuviéramos.
Lo peliagudo de aquel tema era el entretiempo. Cuando hacía calor pero todavía no era verano, como no tenía claro que colores eran realmente los que predominaban, en vez de buscar una novela, escrutaba las estanterías que no solía recorrer el resto del tiempo. Y claro, el lío cada vez se enrollaba más.
Para acabar con todo esto, hace unos años decidí que no volvería a la biblioteca, y ahora únicamente leo coleccionables. Y no va mal la cosa, la verdad es que te especializas. Cuando termine la colección que estoy haciendo ahora seré capaz de nombrar, además de las croquetas, cincuenta productos para freír en aceite de girasol.
Desdentado



