Dic
10
IMPROVISADO
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Existen personas, todos conocemos alguna, que se pasan la vida improvisando. Es una opción respetable. A mi también me gusta, de vez en cuando, hacer las cosas sin pensarlo dos veces. Por ejemplo, cambio la ruta para ir a la panadería, de improviso, sin plantearme cuál es el camino más corto, o a quién me voy a encontrar.
Improvisamos porque pensamos que así nos mantenemos vivos, ágiles. Así pensamos que seguimos siendo jóvenes, creemos que tenemos capacidad para afrontar los cambios, nos retamos para que nos suba la adrenalina.
El caso más común es aquél en el que, conduciendo por la autovía, nos pasamos la salida, y en lugar de buscar el cambio de sentido más próximo, para tratar de encontrar el buen camino, nos liamos la manta a la cabeza, improvisamos, y acabamos preguntando en una gasolinera treinta kilómetros más allá.
Pero hay un lugar prohibido para la improvisación. El lugar donde es seguro que se tuerce la cosa cuando tratas de improvisar. La cocina.
En la cocina, pasa siempre, que cuando no sabes qué hacer y tratas de improvisar y hacer, por ejemplo, una torta secreta, cuando estás culminando tu obra, te das cuenta de que no queda azúcar glass y que las tiendas acaban de cerrar.
Pensará mucha gente que no hay un sitio más fácil para ponerse a inventar que éste. Todo el mundo ha improvisado unos macarrones con lo que había en la nevera. Pero esa no es la improvisación real.
Las madres utilizan mucho la trampa de decir que improvisan algo para la cena cuando vienen siete comensales que no estaban previstos, pero lo que hacen en realidad es echar mano de previsiones previas. Si había ración de croquetas para cuatro, amasadas el día de antes, dejadas reposar y recién fritas, no improvisan croquetas para el resto, sacan un par de bolsas congeladas mientras que nadie las ve, y después las mezcla con el resto para que nadie note su artimaña.
Por eso siempre se ha dicho que los experimentos con gaseosa, porque el vino no dejo que me lo toque nadie.
Desdentado




Con los experimentos en la cocina pueden pasar dos cosas; que descubras una nueva y sabrosa variante de platos ya conocidos, o que se te quiten las ganas de volver a improvisar (y a mi me ha sucedido más veces lo segundo que lo primero).
Bueno, te dejo, que se me ha acabado el aceite y voy a freírme unos huevos con mantequilla…