Dic
17
Cada día nos estamos concienciando más con todo lo ocurre a nuestro alrededor, tratamos de cuidar nuestro entorno y reciclamos para tratar de respetarlo. Somos conscientes de que hay mucha gente con menos posibilidades que nosotros, y tratamos de aportar algo para mejorar sus vidas. Denunciamos los tratos vejatorios que se dan a los animales. Y así, existen un sinfín de causas nobles en las que una porción de la sociedad invierte su tiempo y muchos de sus esfuerzos.
Pero no hay nadie, o casi nadie, que se preocupe de la croqueta. Si estamos dispuestos a construir nidos para los gorriones tuertos, por qué no crear un ecosistema en tu casa para que las croquetas vivan lo más cómodamente posible. No piden gran cosa, un poco de lechuga en el fondo del plato y un poco de mayonesa donde lavarse la cara por las mañanas.
Somos capaces de invertir nuestro tiempo en limpiar de basuras el cauce del río que pasa al lado del pueblo, pero nos desesperamos cuando tenemos que esperar a que el aceite esté lo suficientemente caliente a la hora de echar la croqueta a la sartén. Y nos encadenamos a los árboles para que no los talen cuando no se nos ha ocurrido que la croqueta no ha salido jamás de casa, no ha visto la luz del sol a mediodía ni a los niños jugar en el parque.
Por todo esto, desde el rincón del alma que todavía nos mueve a llevar a cabo una buena acción, proponemos que a partir de hoy empecemos a apadrinar croquetas.
Un pequeño gesto puede hacer mucho para subir la autoestima del reino croquetil. Cuando vayamos a una cena de las que tenemos que llevar algo para compartir, podemos usar las croquetas. La publicidad de los bares, en vez de mecheros, podrían ser croquetas serigrafiadas o incluso crear una red, como hacen con los libros, en la que se dejen croquetas por diversos puntos de la ciudad para que todo aquel que las encuentre se las pueda llevar y esparcirlas por el mundo.
Apadrinemos, pues, una croqueta.
Desdentado




