Ene
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Hace algún tiempo, más de lo que me gustaría, pasé una temporada trabajando en un pueblo cercano a Londres. Estuve contratado, como todos, sirviendo comidas en un hotelucho.
La vida allí resultó extraña. Pasé casi cuatro meses sin ver el sol, no es que no saliera en el horizonte, es que pasaba metido en el comedor del restaurante más horas de las que jamás he estado en cualquier otro bar.
La verdad es que, sin conocer a nadie y sabiendo del idioma únicamente los términos justos para entenderme con los clientes, no tenía nada mejor que hacer.
Además, como solía servir las mesas entonando los mejores temas de Lole y Manuel, las orondas señoras inglesas me daban las propinas más sustanciosas si les bailaba un poco. Se volvían locas cada vez que daba una vuelta con los brazos en alto, alguna vez incluso me tiraron un sujetador, aunque después de cenar, volaban en aquel local una media de veinte sostenes. Es de sobra conocido que los británicos son de fácil desnudez.
Lo que más me llamó la atención de sus costumbres, supongo que como a todo el mundo, fue el desayuno.
Me impresionaba sobremanera ver a aquellos hombres de grandes bigotes, con las legañas todavía pegadas, meterse entre pecho y espalda más de medio kilo de huevos revueltos barnizados con tiras de beicon. Y a sus mujeres, pintadas hasta arriba, comer pequeñas longanizas como si fueran copos de avena, o por lo menos como si alteraran por igual los niveles de colesterol.
Después de observarlos un tiempo, y de pensarlo detenidamente, una mañana bajé al comedor con una bandeja de croquetas y a los clientes que ya conocía, entre canción y canción les ofrecía, engordando un poco la propina, una croqueta. Desde luego sería más saludable que lo que estaban comiendo, y tendría mejor sabor.
Habría salido bien de no ser porque el bacalao que utilicé lo había encontrado al final de una cámara frigorífica que no usaban nunca.
Después de la tercera hoja de reclamación que rellenaron los clientes, pensé que lo mejor era salir de allí.
Desdentado




Especial dedicación a Little Blackman, donde quiera que esté.
Muy bueno, como siempre.
Let me teach you about english breakfast, they don’t eat just scrumbled eggs and bacon, when they arrive to the dinning room, they drink a glass of juice afterthat they have their cereal bowl and then they attack the hot buffet and they can take from this one, bacon, scrumbled eggs, sausages, boiled tomatoes, fried bread, black pudding, kippers, pourridge, pancakes, poached eggs, hash brown, boiled eggs and of course the always loved beans. Not happy with that after eat like lions or elephants, I don’t know how to call it, they have coffe or tea and toasts with jam, marmalade and butter. And that’s all. I could be speaking a long time about the english but I don’t wanna spend more time with this.
My best regards to spain.