Ene
15
Pienso, en ocasiones, en la cantidad de perros que habrá en España, pienso también en sus dueños, y en la cantidad de veces que salen a pasear juntos.
Incluso trato de calcular cuántos de estos dueños pensarán que pierden el tiempo cada vez que cogen la correa para sacar al chucho.
Pues bien, tengo la solución para aquellos a los que piensan que podrían estar haciendo algo más interesante cada vez que su perro defeca.
A partir de ahora, la gente aprovechará al máximo los paseos matutinos. Además de liberar toxinas y abrir los pulmones, con lo que he dado en llamar Píldoras Culturales, podrán ponerse al día en lo que a la literatura se refiere.
El hecho es muy simple. Cada paseo con el cánido dura una media de entre diez y quince minutos, se trata pues de crear pequeños archivos de audio de esa duración, en los que se vayan narrando, por capítulos, los libros fundamentales de la literatura universal.
Pagando un pequeño canon y con un reproductor de esos que tenemos todos por casa, podremos, sin necesidad de pasar horas y horas leyendo, saber cómo acaba Guerra y paz o Cumbres borrascosas, matando, así, dos pájaros de un tiro.
Si la idea trasciende, y alcanzamos el éxito con este proyecto, podremos ir afinando más e incluso buscar Píldoras Culturales adecuadas a cada persona y a cada momento del día. Por ejemplo, para las personas que sufran de insomnio, les recomendaríamos un ratito, durante todas las noches el Ulises de James Joyce, o El amor en los tiempos del cólera, para aquellos que necesiten emocionarse de verdad.
Si, como creo que llegará a suceder, esta idea trasciende como un icono de nuestra cultura, se podría plantear incluso abrir el campo hacia otros ámbitos. Se podrían hacer píldoras de historia para los estudiantes de instituto, o una compilación con todos los secretos para hacer las mejores croquetas, para los cocinillas.
Las Píldoras Culturales serían el sucesor directo de las cintas de chistes de Barragán y Marianico el Corto.
Desedentado



