Ene
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Encontré hace poco, en un restaurante que hay cerca de casa, el mayor invento que haya surgido de la mente humana en los últimos tiempos. Quedé impactado, me impresionó de tal manera, que no dejé de buscar hasta que lo encontré y lo llevé a mi casa. Y desde entonces no puedo dejar de observarlo y cantar sus virtudes.
En mitad de la comida, supongo que fue debido a que esa misma mañana había desayunado tostadas con las lentejas que me sobraron el día de antes, tuve el mayor retortijón que recuerdo. Salí como una exhalación hasta el aseo e hice lo que tenía que hacer. No me percaté de su presencia hasta el momento mismo de limpiarme, entonces lo vi. Allí, junto al papel higiénico tradicional, había unas pequeñas toallitas húmedas exclusivas para el aseo cotidiano.
Este invento supone un giro monumental para las labores de limpieza y aseo diario de cualquier persona de a pie, porque quien más y quien menos, al menos una vez en la vida hemos sufrido salpicaduras en casi toda la superficie que asomamos a la taza. Y cuando esto sucede, siempre nos asalta la duda sobre si seremos capaces de limpiar a fondo hasta la última mota, y lo que es peor, si aún quitándolas, será suficiente para ocultar las pruebas odoríferas de lo que una vez estuvo allí.
Pero con este invento revolucionario, podemos estar tranquilos sea cual sea la cantidad de perdigones que nos impacten.
Aunque claro, hay veces en las que es mejor recurrir al método tradicional. Todos hemos vivido también alguna vez, situaciones en las que dudas, y piensas que lo que sale de tu cuerpo es bechamel para las croquetas. En las ocasiones en las que la densidad es tal, no hay nada como el papel de siempre, si fuera de estraza, casi mejor.
Desdentado




Tienes cierta obsesión con los aseos y sus menesteres, no te parece?