Ene
27
Hace un tiempo, tuve que pasar unos días en el hospital, no fue nada grave. Estaba fregando el cacharro en el que había hecho una rustidera de pulpo, le restregaba con brío, pues como todo el mundo sabe, si no la dejas en agua siempre quedan trozos pegados y resecos en las paredes. Estaba centrado en una pequeña mota frotando fuerte con un estropajo de esos metálicos, cuando se me resbaló la fuente y acabó una brizna del estropajo en mi córnea.
El caso es que estando en el hospital, me di cuenta de la cantidad de pastillas que se toman allí en un solo día. Me estuve fijando, y descubrí a un hombre que tomaba más de veinte, y pensé, claro, en la cantidad de agua que este hombre ingiere para que todas esas pastillas pasen por su gaznate.
Andaba un día embelesado en estos pensamientos, cuando vino a verme mi madre. Traía un bote pequeño con agua de Lourdes, pensaba que frotarme el ojo con un poco de aquella sustancia sería mucho mejor que cualquier medicina que me dieran las enfermeras.
En aquel momento saltó una chispa en el interior de mi alma. Si unimos los factores, seguramente obtendremos el éxito. Es decir, si añadimos a las pastillas que ayudan a mantener a raya nuestras enfermedades, agua milagrosa, obtendremos una recuperación mucho más rápida. Por lo menos para los creyentes.
Así, me decidí a montar un pequeño negocio, un bar en el que siempre hubiera disponible agua del Carmen, de los manantiales de Lourdes y también de Fátima para que todo aquel que lo deseara, pudiera sanarse por los medios tradicionales y además por los espirituales.
Y como las pastillas se toman siempre con las comidas, pues de paso, podría hacer unas croquetas y sacar un extra poniendo cañas.
Desdentado




Un buen nombre para el bar sería Bar Bitúrico, jajajajajaja. Que bueno soy!!
Y la patrona del bar Santa Berna