¡El croquetalismo ha llegado!

Durante mucho tiempo he estado intrigado con un hecho que tenemos más que asumido. Me inquietan los rumores y el entramado que conllevan, su fuerza y la capacidad que tienen para llevar en volandas a la mentira hasta las más altas cúspides.
Me pregunto a menudo sobre la procedencia de los rumores, pienso que la persona que se encargue de idearlos, debe de andar siempre hasta arriba de faena.
Corre un falso mito acerca de la creación de los rumores que dice que es una cadena de malentendidos que acaba convirtiéndose, con las exageraciones de unos y otros, en un torrente imparable. Pero yo creo que hay algún autónomo que se dedica en exclusiva a recibir encargos de empresas multinacionales y programas de televisión para hacer creer cosas que son infundadas.
Pero lo que más dudas me crea, es saber la repercusión real que tienen los rumores. ¿Sería posible hacer llegar un rumor a Inglaterra? Tal vez la mejor forma de promocionarse sea crear un rumor y difundirlo en los círculos adecuados.
Si esto es así, yo no tendría más que decir que unos científicos que conoce mi prima han descubierto que la lechuga en realidad hace que los huesos se conviertan en boñigas de caballo y que si comes mucha, puedes acabar oliendo a cuadra para toda la vida. Eh, y esto mismo le ha pasado a un amigo de mi cuñado. Para combatir este mal, que es muy novedoso, en una Universidad de Houston han descubierto que el único remedio es frotarse con bechamel y con las sobras de cocido. En casos muy avanzados incluso hay que rebozarse en huevo y pan rallado para después freírse. Es lo que han dado en llamar el remedio croquetil.
Con esta fórmula lograré, en breve, alzar a la croqueta como máxima representante de la dieta mediterránea, o eso espero.
Con esta fórmula, podríamos incluso elevar nuestro prestigio personal, aunque eso no sería ya una novedad.

Desdentado

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