¡El croquetalismo ha llegado!

ESPECIAL

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Pensamos a menudo que somos especiales, que no tenemos nada que ver con el resto de los mortales, que volamos por encima del bien y del mal. Miramos por encima del hombro a todos los que nos rodean sabiéndonos vencedores en el arte de vivir y relacionarnos con el mundo.
Nos sentimos como la croqueta de cocido, la reina de la creación croquetil. Pensamos que tenemos un halo a nuestro alrededor como de huevo y pan rallado que nos protege de ser mediocres y vulnerables.
Tenemos esta sensación especialmente cuando encontramos a una frutera poniendo mala cara cuando se vuelve otro cliente en la frutería. En el momento en el que la tendera se burla por la espalda de un cliente, nos entra un escalofrío que recorre nuestro cuerpo que hace que nos sintamos semidioses por el mero hecho de vernos cómplices de la mediocridad de aquellos con los que convivimos.
Lo que nunca nos paramos a pensar es en lo que hará la misma tendera cuando nosotros no la estemos mirando, y en la cantidad de gente que se sentirá exactamente igual que nos sentimos nosotros cuando estamos en el otro lado.
Todos hemos sido alguna vez excesivamente pesados pidiendo en la carnicería, o muy exquisitos con los kiwis que queremos comer. En ocasiones, el que más y el que menos ha sido seco al entrar en la pescadería, o demasiado pesado. En fin, seguro que ha habido algún camarero que ha torcido el morro cuando le ha tocado ponernos la cerveza.
Pero bueno, me consuela pensar en que los mediocres tal vez sean los tenderos.

Desdentado

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