¡El croquetalismo ha llegado!

CALZONCILLOS

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Ayer pasé todo el día sin calzoncillos. No los llevé puestos ni un solo segundo en las veinticuatro horas que duró el día. En parte pasó por la disponibilidad de ropa en el cajón, que era nula. Pero lo tomé también como medio de investigación.
Pensé que era un buen momento para averiguar cuánta gente sería capaz de darse cuenta de que no llevaba ropa interior, y el efecto que aquello causaba en quienes lo descubrieran.
Tuve, desde el primer un momento, una sensación muy grata, no sólo por la libertad de movimiento, sino porque pensé que disponía de una información que nadie más sabía. Y ser el único dueño de ciertos datos, imprime en el carácter un sentimiento de exclusividad comparable al del que tiene información confidencial.
Es como cuando haces croquetas y apartas un poco de bechamel para hacer una sin relleno. Te invade la incertidumbre sobre a quién le tocara la croqueta baldía y sobre si se dará cuenta o pasará desapercibida.
Escudriñé la cara de todas las personas con las que me cruzaba e incluso hice algunos gestos en dirección a mi pelvis en ciertas ocasiones.
Todo iba sobre ruedas, llevaba más de ocho horas paseándome por plazas y bares sin que, aparentemente, nadie reparara en mi soltura de entrepierna, cuando al entrar al aseo en el bar de costumbre, me quedé con la cremallera del pantalón en la mano.
Ante esta situación cambió radicalmente mi postura sobre la información. La superioridad en torno a los datos que se barajaban en el bar corría serio peligro, mis vergüenzas estaban al descubierto, el estudio se iba al carajo y mi reputación, mucho más allá.
Acudí hasta mi sitio en la barra prácticamente arrastrándome por las paredes y, una vez allí, estuve pensando la manera más digna de llegar a casa. Pensé en empezar una conga y tratar de ir hasta mi portal detrás de algún alma cándida, o hacer como que me caía del taburete y me dañaba las partes nobles para tener una excusa y poder taparlas. Pero eran propuestas demasiado arriesgadas.
Al final, decidí coger el periódico y empecé a rellenar el sudoku, cuando no miraba nadie iba pintando los cuadros de negro con el boli. Cuando tuve cubierta la suficiente superficie, con cierto disimulo coloqué el papel entre las dos partes del pantalón y salí de allí todo lo deprisa que pude.
Creo que se dio cuenta todo el mundo pero, por lo menos, no tuve que dar explicaciones.
Lo peor de todo es que, al terminar el día y ponerme el pijama, la alegre sensación de libertad y esparcimiento no fue tal. Porque lo mejor de ponerse el pijama es quitarse los calzoncillos después de llevarlos todo el día.

Desdentado

Comentarios

Un comentario en “CALZONCILLOS”

  1. beduino dice

    Uno de los mejores, muy bueno!
    Si hubieras tenido un abanico, podrías haber salido del trance, y de paso, reivindicar a Locomía!
    Saludetes

    Escrito el 26 Febrero 2009 a las 21:59 h.

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