¡El croquetalismo ha llegado!

GIMNASIO

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Este fin de semana lo he dedicado a pintar el techo del aseo de mi casa.
Es un aseo pequeño y por ende, con poco techo. Pero entre tapar bien los manises para no manchar nada,  repasar todos los cantos y darle tres manos a la parte de arriba del espejo, que estaba negra, he subido y bajado la escalera setenta y dos veces. Contado con que tiene cuatro escalones y que me tenía que subir al último para llegar en condiciones. He subido y bajado este fin de semana prácticamente a la última planta del Bali de Benidorm, pero sin vistas al mar.
Pensaba esta mañana en la gente que compra en el teletienda los aparatos de subir escaleras para quemar grasas, y en los que van al gimnasio a la misma tarea. Pensaba en todos los esfuerzos que realizan y en toda la energía que se pierde y que no genera nada.
Y entonces pensado en si no sería posible unir toda esa energía perdida con tareas que la necesitaran, se me ocurrió la versión de gimnasio que triunfará en pocos años.
La cosa sería encontrar pequeños trabajos físicos y encontrar a personas que quieran ponerse en forma, después tendríamos que diseñar qué trabajo es el más apropiado para cada persona y poner la mano para cobrarle a los usuarios y a aquellas personas a las que se le realicen los arreglos.
Podríamos calcular cuantas calorías se queman pintando una casa, o sacando casquijo de una obra, pero no sólo eso. También se podría ver cuanta energía se gasta en barrer un piso o pasar la mopa. Justo cuando pensaba en esto deseché la idea del gimnasio, había un filón todavía mayor en este negocio. Sólo había que valorar los esfuerzos de las tareas del hogar y darle un toque de glamur para que los clientes cayeran como moscas a fregarme los cacharros y rebozarme las croquetas.

Desdentado

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