¡El croquetalismo ha llegado!

DOBLEZ

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Hace algún tiempo vi en un programa de televisión la demostración plausible de que un papel no se puede doblar tantas veces como uno quiera, sino que existe un límite físico tras el cual el papel no permite más dobleces.
Este límite yo jamás lo he encontrado, y eso que en multitud de ocasiones, después de dejar las sobras de mi cuerpo en el lugar que corresponde, he cogido un trozo bien largo de papel para eliminar las huellas. Ocurre siempre que, antes de encontrar la doblez extrema, el papel es tan pequeño que si lo vuelves a pasar por el cañón del Colorado, rascarás las incrustaciones con las uñas.
No sé si es por la educación que he recibido o es que mi subconsciente está ávido de nuevos retos, pero cada vez que cojo papel para limpiarme, necesito apurar hasta que no es más que una triste esquinita.
Y es justo cuando llego a ese tamaño con el papel higiénico, cuando pienso en si acaso hubiera escasez en mi casa, y cuando miro, en la mayoría de las ocasiones, hay papel de sobra para limpiar cuarenta cañones del Colorado. Pero no puedo evitarlo.
Pienso, al final, que esto viene a ser como un mecanismo de defensa. Creo que voy poniéndome la cosa difícil para cuando las tornas cambien y sean los perros los que nos saquen a pasear a los dueños y nos obliguen a cagar cuando a ellos les venga en gana y donde ellos decidan que tenemos que hacerlo. (y tengamos que limpiarnos con hierbas)
Cuando esto pase, nos caerá como un jarro de agua fría, exactamente igual que cuando el médico nos dice que tenemos alto el colesterol y que se han acabado las croquetas del bar Antonia.
Y es que, en caso de verme en la encrucijada, y tener que optar por abandonar las croquetas o abandonar mi inodoro, no sé de qué prescindiría primero.

Desdentado

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