¡El croquetalismo ha llegado!

RECETAS

Guardado en General

Cada día me sucede un poco después, y el resultado es que, al día siguiente el infierno empieza un poco antes.
Y es que ser carnicero tiene algunos secretos, los cortes deben ser limpios, hay que pesar la carne antes de quitar los huesos y, sobre todo, nunca hay que rebanarse los dedos. Pero cuando aprendes esos trucos, ya no hay nada que se interponga entre tu oficio y tú. Todos los días son cuarto y mitad de chóped, cuatro longanizas y doce tiras de lomo en adobo de ese tan bueno que hacéis aquí.
Pero para cocinar todos los días no vale con algunos secretos. Me ocurre cada día, que pienso más tarde en lo que voy a comer al día siguiente, con lo que, en la mayoría de las ocasiones, todos los establecimientos donde conseguir cualquier ingrediente andan cerrados. Y el infierno de tener que andar de una tienda a otra para conseguir cualquier cosa, empieza antes, simple y llanamente para tener tiempo suficiente de llevar a cabo los pasos necesarios para poder llevarte algo a la boca.
Y es que hay pocas tareas en la vida que requieran de tanta energía como pensar en qué hacer de comer. Tomamos como referentes culinarios a los grandes chefs y los cocineros reputados, pero ellos se inventan una carta y la explotan durante, al menos cuatro meses, y si los platos funcionan, pueden aguantar en la carta, temporada tras temporada. El verdadero campo de batalla se encuentra en la intimidad del hogar, donde no puedes repetir plato en, al menos dos semanas, y tienes que compaginar la aversión por el pescado con la pasión por el marmitako en la misma mesa.
De ahí es de donde viene mi tremenda fascinación por las croquetas, bueno, por las croquetas y por el ama de casa que las inventara, porque mientras nacía un manjar, ella andaba diciendo para sus adentros, “lo mezclo todo y lo rebozo, aunque no haga gusto a nada”.

Desdentado

Comentarios

Deja tu comentario




Cerrar
Enviar por Correo