¡El croquetalismo ha llegado!

JABÓN

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Compré una vez, hace algún tiempo, una pastilla de jabón redonda. La pastilla no poseía ningún atributo especial, aparte de su forma redonda. La compré porque me parecía gracioso observar como esa pelota se iba haciendo cada vez más pequeña, pasaba por el tamaño de una pelota de ping-pong, después por el de una canica y después de dar toda su fragancia y su espuma, terminaba por desaparecer.
Pero el juego no resultó ser tan divertido como esperaba. Al poco tiempo, y debido sin duda, a las cavidades irregulares de las palmas de mis manos, la esfera perfecta comenzó a rebajarse más por unos lugares que por otros. Terminó convirtiéndose en un óvalo, perdiendo su perfección y el motivo por el que la compré.
Entonces una idea se incrustó en mi córtex y permaneció inamovible en aquél lugar durante algún tiempo. Pensé que mi organismo había evolucionado tomando como referencia la croqueta, por eso, la forma natural que moldeaban mis manos no era circular sino croquetil.
Aquello me obsesionó un poco, puesto que no sabía cuál sería el siguiente paso en la evolución croquetense. Pensé en que se me estaba cayendo el pelo porque el destino de mi cabeza era el rebozado, también se me ocurrió que en mis venas dejaría de correr la sangre y mi corazón comenzaría a bombear bechamel.
Cuando estaba al borde del abismo, dudando antes de dar cualquier paso, por miedo a que se me pusiera la carne de la gallina de un cocido, empecé a ver la luz.
Por aquellos entonces, me invitaron a una fiesta en casa de un reputado escritor que acababa de recibir un premio. Andaba perdido entre invitados de alta alcurnia y cócteles de alta gradación, cuando tuve unas ganas enormes, como siempre, de evacuar mis líquidos interiores.
Cuando me dirigía a lavarme las manos me encontré con el pastel, no sólo había en aquél cuarto de aseo una pastilla de jabón redonda como la que yo compré, sino que estaba más desgastada por unas partes que por otras formando un óvalo, y eso que yo todavía no la había tocado.
Entonces lo tuve claro, no era mi cuerpo el que estaba evolucionando hacia la croqueta, era la naturaleza entera la que viajaba sin retorno hacia un futuro ovalado y con pan rallado en lugar de pelo.
Por fin pude respirar tranquilo.

Desdentado

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