¡El croquetalismo ha llegado!

ATASCO

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Me he aburrido de ir a ver las obras que hay cerca de mi casa, las conozco todas y la mayoría han hecho los cerramientos, así que sólo puedo ver los avances por el hueco de las ventanas, perdiendo toda la gracia, porque, a esa distancia, no se distingue bien si los niveles quedan rectos o no.
Ahora, para pasar la mañana, me desplazo a la otra punta de la ciudad, que es un hervidero de obras recién empezadas y donde disfruto observando todos los pasos y todos los tropiezos de lo que un día serán hogares de algunas personas.
Pero esto tiene un inconveniente. Tengo que ir en coche, y lo haga como lo haga, siempre encuentro atasco para llegar a mi destino. Da igual la hora a la que pretenda ir y, por supuesto, da igual el itinerario que decida. Todas las calles a todas horas están colapsadas de vehículos.
Y cada vez que me quedo encajado en un atasco, me acuerdo del primero que sufrí. Andaba entonces tratando de escribir un cuento infantil sobre un niño que podía hablar con los peces cuando nadaba en el mar y que corría mil aventuras para salvar al rey pez de un reino submarino.
Cada vez que entro en un atasco me acuerdo de aquella historia y no puedo quitármela de la cabeza. Comienzo a pensar en el mar y en jugar con los calamares y las medusas. Entonces me acuerdo de dónde estoy y todavía se me hace más cuesta arriba. Y deseo, claro, vivir en el mar y poder hablar con los peces y correr mil aventuras como en el cuento que salió de mis entrañas.
Pero después paro, miro hacia delante y vuelvo a desear únicamente ver obras. Y es que bajo el mar el pan se pone blando, y blando es imposible rallarlo para rebozar las croquetas.

Desdentado

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