Sep
14
EL PEOR DÍA DE MI VIDA
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Recuerdo perfectamente cuál fue el peor día de mi vida porque me comí un bocadillo de calamares.
Era mi primer bocadillo de calamares. Hasta entonces, me gustaba calcular mentalmente el centro de los bocadillos que me comía, así conforme se acercaba, apuraba al máximo a la mitad, porque sabía que, cuando llegara al centro, me quedaría todavía por comer exactamente lo mismo que ya tenía en el estómago.
Pero con el bocadillo de calamares fue imposible, no había manera de cuadrarlo sin dejar a medias alguna de las piezas del frito. Así que no tuve más remedio que sobrepasar el límite, cerré los ojos y mordí fuerte para que fuera lo menos doloroso posible.
Al abrir de nuevo los ojos, me dí cuenta de algo que mi subconsciente había estado tratando de ocultarme hasta entonces.
Cualquier cosa, a partir de la mitad, empieza a terminarse, puede ser un bocadillo de calamares o un bocadillo de salami, pero, a partir de la mitad, del culmen, comienza el tortuoso descenso hasta el final.
Pensaba en todo esto mientras tomaba una cervecita en una terraza este verano, cuando me dí cuenta de que el sol ya no tardaba tanto en ponerse.
Hasta ese momento había pensado que tenía todo el verano por delante, pero, mirando el calendario caí en la cuenta de que se acercaba irremediablemente la vuelta al cole, los cartuchos de castañas y los días de lluvia.
Fui consciente de que tenía que ir rascando las paredes de mi habitación para ir recolectando. Era inminente la llegada de largas tardes encerrado en casa, preparando croquetas.
Desdentado



