Sep
16
Paseaba hace años, en los tiempos en los que me iniciaba en estos lances de la palabra escrita, por un centro comercial de una ciudad. Andaba buscando una librería de compra venta de libros antiguos. Si quería seguir tomando una o dos cervezas cada tarde, necesitaba vender las obras completas de Shakespeare con grabados en la portada.
Encontré, mientras andaba perdido en aquellos pasillos, un grupo de gente atenta a un punto que no alcanzaba a ver. Seguro que alguna de aquellas personas sabría dónde andaba la maldita tienda.
Cuando me acerqué, descubrí que estaban escuchando una charla. Era la charla de uno de los escritores más de moda de la época. Aquello era una señal, el destino me había llevado hasta allí. Olvidé por un momento la colección de Shakespeare y me dejé llevar por las palabras del maestro.
Quedé prendado de sus palabras, además de su aspecto físico y su persona al completo. En el momento justo de terminar la conferencia llegó de súbito una idea a mi cabeza: sería fan de este hombre. Fui a casa pensando en las obligaciones que tendría un fan, y pasé toda la tarde ensayando tipos de aplausos y ovaciones porque no sabía en qué momento los iba a necesitar.
A los pocos días dí a conocer en el bar la nueva condición de mi persona. Entonces descubrí que todos los tertulianos eran fans de algo o de alguien, desde futbolistas a filósofos que murieron hace cientos de años. Descubrí que hoy la gente se hace fan de cualquier cosa. Yo necesitaba algo más.
Pasé algunos días pensando en cuál era la relación que quería tener con aquél hombre. Pensé en ser incondicional suyo, pero me dio miedo. Creo que si se le cayera el bigote dejaría de ser fan suyo, y si eres incondicional, tienes que aguantar pase lo que pase.
Tras darle muchas vueltas encontré la postura ideal, sería su seguidor. Y en cuanto lo tuve decidido, me puse manos a la obra.
Investigué los lugares en los que iba a dar sus próximas conferencias y preparé pancartas con las mejores frases de sus libros para llevarlas.
El día en que iba a dar la primera, preparé un par de docenas de croquetas y me dispuse a comenzar la labor de seguidor.
Al anochecer estaba en casa de vuelta, sin croquetas y tapando mis carnes desnudas con una de las pancartas.
Jamás me ha vuelto a interesar ser fan de nadie.
Desdentado



