Sep
22
Me he dado cuenta de que entre todos los utensilios que pueblan las cocinas y guisadores del mundo, que no son pocos, lo que más me gusta es la tetera.
La tetera tiene un porte especial, es elegante, tiene clase.
Su figura chata, y su silbido son capaces de hacer vibrar incluso al ser más insensible.
Me gusta sobre todo porque hace sofisticado algo tan natural como calentar agua. Todos en nuestra vida hemos calentado agua y existen mil maneras de hacerlo, pero hasta que no has usado una tetera, no has preparado una infusión en condiciones.
Me ocurre algo parecido con el papel higiénico húmedo, todos nos hemos limpiado alguna que otra vez el trasero, pero no sabes lo que es estar completamente limpio y reluciente hasta que no lo has hecho con toallitas húmedas.
Son tersas, suaves y esponjosas y convierten la actividad cotidiana en un acto propio de sibaritas, en algo especial.
Para que mi vida fuera totalmente perfecta, para que no tuviera grietas ni desconchados, para que se cerrara el círculo, lo único que me falta es conseguir la máquina que amasa perfectas las croquetas. Y me falta poco.
He realizado un pequeño modelo con unas tijeras de cortar las uñas a las que he añadido dos cucharas, con ellas voy recogiendo pequeñas porciones de masa y las voy pasando de una cuchara a la otra hasta que obtengo la forma perfecta. Así, sería capaz de hacer treinta docenas de croquetas de cocido sin ensuciarme las manos.
Desdentado

máquina croquetera



