Sep
23
Ayer cometí el error fatal, ese que todos hemos cometido al menos una vez en la vida.
Andaba repasando las notas grabadas hace algún tiempo en el ordenador para la que sería la novela que me mandaría al estrellato internacional. Una novela negra de corte clásico sobre un asesino en serie que, tras seducir a sus víctimas y con la excusa de una merienda en el campo, acababa asfixiándolas con croquetas preparadas con argamasa. La cosa se complicaba cuando el asesino elegía como víctima a una chica con estudios de faquir y experta en tragar espadas, que no masticaba las croquetas sino que las engullía y entonces sufría un dolor fuerte de barriga.
Tras ponerme en situación, estaba prácticamente en éxtasis concibiendo los siguientes pasos por los que discurriría la novela. En el fragor de la creación, dejé caer mi cabeza sobre el teclado, dando como resultado la pérdida total del texto.
Entonces, nervioso y sin saber que hacer, empecé a buscar por todas partes para tratar de localizar todas y cada una de las ideas que tenía plasmadas. Por supuesto no hubo manera de recuperarlas.
Se fueron al limbo mis creaciones y todas las expectativas de triunfar en el mundo literario. Pero me niego a pensar que se han perdido para siempre, creo que detrás de la pantalla del ordenador hay algo más, hay un más allá al que van a parar todos esos proyectos inconclusos que se pierden para siempre.
Creo que hay un ermitaño tras la línea adsl y las páginas web, tras los proyectos de fin de carrera y las fotos de las vacaciones. Es primo hermano del ratoncito Pérez, y se está construyendo un palacio con los planos que una vez perdió un arquitecto. Se ha inventado una vida con todos los diarios de quinceañeras que algún día también acabaron en la papelera de reciclaje. Se alimenta bien, con las recetas de croquetas que pasaron de generación en generación y que para que no se perdieran, se dejaron escritas en un ordenador que acabó lleno de virus. Y pasa el rato inventando finales a las novelas inconclusas de escritores que nunca llegaran a vender ni un solo libro.
Desdentado




Si alguna vez te encuentras con el ermitaño primo hermano del ratoncito Pérez le preguntas por mi colección de fotos de chicas de Burgos desnudas… snif.