Oct
14
COPROFAGIA
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El otro día mirando la televisión, encontré un documental sobre unos monos en no sé qué zoológico.
Se trataba de una familia de primates que habían tomado como costumbre ingerir sus propias heces.
Claro, los cuidadores estaban desquiciados. Además del nauseabundo espectáculo para los visitantes del zoológico, uno de los reclamos históricos para ir a ver la jaula de los monos, era que repartían besos a todo aquél que entrara en la jaula para echarles la comida. Y a ver cómo les quitaban la manía ahora.
Primero pensé que todo era consecuencia de la escasa calidad de la comida que les suministraban en el zoológico y que era una forma de revelación contra sus cuidadores para conseguir una mejora en sus hábitos alimenticios.
Esta teoría se fue pronto al garete, dieron datos acerca de la coprofagia en los simios. Es un hecho relativamente normal, dijeron que así conseguían algunas vitaminas extra.
Pero a mi no me convencía tampoco, ¿por qué consumir excrementos existiendo el zumo de naranja?
La conclusión definitiva sobre este tema la tomé pasado un buen rato, mientras trataba de conciliar el sueño.
Si yo pensara que la media docena que me comí esta mañana es la última en el mundo, supongo que yo también rebuscaría entre mis desperdicios para rescatar los trozos que se hubieran digerido peor y trataría de reconstruir una pseudocroqueta.
Desdentado



