Ene
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LA MALDICIÓN
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Viajé una vez a Granada, tenía grandes expectativas puestas en la ciudad. Se rumoreaba por diversos círculos que tenían el secreto de las proporciones perfectas de la croqueta, y que además únicamente hacía falta pedir una caña para degustar la exquisitez de su textura. El paraíso para cualquier expedicionario en busca de la bechamel en su punto.
Pero, como no, mis sueños se vieron truncados.
Andaba el primer día, haciendo tiempo para que se calentara el aceite de las freidoras y los serpentines estuvieran a punto, contemplando la catedral de Granada, cuando se me acercó una gitana muy gorda y muy vieja, ofreciéndome un puñado de romero que estaba más mustio que mi corazón cuando se acaba un plato de croquetas. Me aseguraba, mentando a todos los santos, que si le compraba la mata conocería a la mujer que me amaría durante toda la vida.
Por supuesto, escéptico ante todo este tipo de supercherías, renegué de aquél presente y del donativo que esperaba la oronda gitana.
Entonces, entre un barrunto de insultos y menosprecios, logré entender algo sobre que me maldijera la una y media y no pudiera dormir hasta entonces.
No me causó la más mínima impresión, no tenía ningún tipo de fe en aquellas supersticiones, y además, pensaba andar de caña en caña y de tapa en tapa hasta mucho más tarde de la una y media. Era la maldición con menos garbo que había oído en toda mi vida. Era mucho mejor aquella de la avalancha de mierda y todo eso. No tenía suerte ni siquiera en las maldiciones que recibía.
El caso es que se cumplió, y de qué manera.
Fui incapaz de probar una sola croqueta en la semana que estuve allí.
Me levantaba a buena hora, tomaba un café doble con una tostada y me dedicaba a recorrer el casco antiguo esperando la hora soñada, entonces, a la una y media, cuando me disponía a entrar al primer bar, me invadía un sopor irrefrenable, un tedio terrible que me obligaba a acudir al hotel a tumbarme si no quería quedarme durmiendo en la banqueta de cualquier barra.
Tal vez no era tan ridícula aquella maldición.
Desdentado



