¡El croquetalismo ha llegado!

DISLALIA I

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Tengo la extraña necesidad de ordenar las cosas en mi cabeza.
Ya sé que mi propio cerebro se encarga da catalogar los recuerdos de mi infancia y las palabras que conozco, así como se organizan las recetas en un libro de cocina. Entrantes, primeros platos, segundos y postres.
Pero estas clasificaciones no son suficientes para mi.
Necesito tener una clasificación más subjetiva donde yo, conscientemente, sea capaz de decidir qué cosas entran y cuales no, sin dejarme llevar porque sus nombres suenen parecido que sus sabores sean similares o que se encuentren cerca unas de otras.
Tengo, por ejemplo, una lista, en un cajón de mi mente, donde puedo encontrar los mejores destinos en el mundo para ir de vacaciones.
La clasificación no tiene nada que ver con que estos lugares se encuentren en la costa o en el interior, que haya bosques o ríos, ni siquiera tienen nada que ver con ser grandes urbes o pequeñas aldeas.
Simplemente son los lugares en los que he pasado grandes momentos estando de vacaciones.
El problema para catalogar este tipo de situaciones es que necesito un hilo conductor, algo en común que los una a todos. Un elemento vertebrador que consgia incluir a todos los integrantes sin permitir que se cuele ningún intruso.
A la hora de elegir cuál sería el punto en común que tienen los mejores destinos del mundo para ir de vacaciones, la tarea fue bastante fácil.
En todos estos lugares hay, al menos, un bar en el que reina un ambiente distendido, que tiene siempre una cerveza lo suficientemente fría pidiendo ser destapada y, por supuesto, donde hacen unas croquetas para quitarse el sombrero. El resto de los elementos de aquellos lugares resultan secundarios.
En otros aspectos de la vida, encontrar las relaciones entre unos organismos y otros no son tan evidentes.

Desdentado

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