May
3
Hoy he ido al dentista, me han empasatado una muela que se me hizo pedazos hace algún tiempo.
Ha sucedido algo curioso, yo todavía no lo termino de entender.
No sé exactamente donde me ha pinchado la anestesia el dentista, pero el hecho es que el adormecimiento además de recalar en la lengua y el labio superior, ha ido ascendiendo por la mejilla, ha pasado por la sien y se ha instalado en el hemisferio izquierdo de mi cerebro.
Desde ese momento la mitad de mis pensamientos han comenzado a difuminarse. No es que ahora tenga algunos pensamientos nítidos y otros borrosos, sino que todos mis pensamientos tienen una parte completamente clara y otra con tintes de irrealidad.
Es exactamente la misma sensación que la que tienes al despertar tras una borrachera, hay partes de la noche que recuerdas perfectamente pero otras las ves entre brumas, como si les faltara luz para poder reconocerlas exactamente.
Así, por ejemplo, si pienso (como siempre) en una croqueta, el rebozado está claro y crujiente, pero la bechamel la encuentro como en sueños y por mucho que me esfuerce sería incapaz de saber qué son los trozos que tiene dentro.
Así que ahora soy incapaz de saber nada a ciencia cierta, nada de lo que se me pasa por la cabeza lo sé seguro. Antes me ha dado por intentar recordar si a mediodía he comido. Tengo claro que ha lo largo del día de hoy he comido algo, pero no sé qué ha sido, tal vez fuera un café con leche o un plato de macarrones, no te lo sabría decir.
Sé que he tenido una reunión esta mañana, pero soy incapaz de recordar exactamente si han decidido publicar mi última novela o si me han dicho que mejor me dedique a otra cosa.
Lo que me pasa, pues, es que estoy seguro de que anoche aparqué en una calle amplia, con varios carriles, pero no sé en cuál concretamente, así que si alguien ha visto un Ford Fiesta azul del año ochenta y nueve aparcado en una avenida, por favor que me avise que le estaré eternamente agradecido.
Desdentado



