¡El croquetalismo ha llegado!

MUTISMO

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Cada cierto tiempo, como una especie de purga autoimpuesta, me obligo a enmudecer. Paso quince días sin abrir la boca para nada, así el exceso de palabras que se acumulan en mi interior, poco a poco, va menguando. Normalmente con dos semanas de mutismo es suficiente, vuelvo a tener unos parámetros normales y soy capaz de encontrar todas y cada una de las palabras que busco en cada momento. Si no hiciera esto el cúmulo de palabras sería interminable y me costaría horrores saber dónde he colocado cada una. Así voy más ligero.
Y la verdad es que tampoco me cuesta mucho eso de no decir ni pío, llega un momento en el que digo, ahora, y ya está, desde ese preciso instante mis únicos medios de comunicación son los gestos y los gruñidos; en ocasiones también silvo para atraer la atención sobre mí.
Los resultados de estós medios primitivos de entenderse son bastante mejores de lo que cabría pensar. En el bar de costumbre ni siquiera se dan cuenta de cuándo me callo, total, el plato de croquetas y la cerveza fría los tienen preparados antes de que llegue. Y el resto del día lo paso prácticamente solo, por lo que no hay ningún interlocutor que me apremie para que le cuente algo, con lo que la cosa se reduce a algún que otro saludo por la calle, que salvo haciendo el gesto y de vez en cuando algún conductor perdido que me pide si le sabría indicar dónde queda algún sitio, siempre niego.
Solamente queda un escollo que poder salvar en estos casos, no hay manera de conseguir que los del reparto a domicilio del restaurante chino comprendan mis gruñidos.

Desdentado

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