¡El croquetalismo ha llegado!

REFERENCIA

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Está claro que los tiempos cambian, las ciencias avanzan a la velocidad del rayo y la sociedad se transforma por momentos.
Toda la vida ha existido lo que llamamos el bar de referencia, el garito donde ponen más fresca la cerveza, donde hacen el café justo como a ti te gusta o que hacen el potaje de alubias mejor que tu madre.
Pero hoy, ante la extensa variedad de restaurantes de culaquier parte del mundo, la cosa se pone más difícil, sería imposible tener un bar de referencia, puesto que conociendo la musaka y el rollito de primavera y teniendo debilidad por ambos, no se puede tomar una decisión objetiva sobre el bar que mejor responde a nuestras necesidades.
La única solución posible ante esta disyuntiva es la de hacernos con una cartera de bares de referencia en la que podamos incluir la selección más selecta de cada lugar del mundo. Así habrá un juicio justo acerca de dónde debemos ir a tomar un pincho de tortilla o unos tortellini.
Pero claro, en la lucha por establecerse como anfitrión de tus banquetes, los restaurantes tienen sus estrategias. Algunos han  decidido desprenderse de sus raíces para resultar más competitivos.
Ayer estuve en un restaurante turco que acaban de abrir a un par de calles de mi casa. Miscopia-de-p7010075 bares de referencia no tienen por qué ser para toda la vida.
Estaba degustando el plato y haciendo mis cabilaciones sobre si debería entrar o no en la lista desbancando a sus rivales, cuando ocurrió un hecho que le dio, por mérito propio, el galardón como mejor turco-kebab de la zona a este restaurante.
Cuando terminé mi ración se acercó el camarero y me ofreció tomar un café como punto y final a la comida. Hasta aquí no hay nada anormal, lo extraño vino en la forma en la que me lo dijo.
Cuando terminó de recoger la mesa y aparentemente se iba a la cocina, se giró a medias y de perfil me dijo “querrá el caballero tomar un café” hizo una breve pausa y con un guiño casi imperceptible continuó “o un carajillo”.
Y claro, ante este hecho, no tuve más remedio que rendirme a sus pies.
Ahora sólo me queda encontrar un restaurante chino en el que hagan croquetas de cocido para ser realmente feliz.

Desdentado

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