Jul
7
ESPECIALES
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Durante el transcurso de mi vida he conocido a mucha gente normal. Gente que pensaba que era normal y gente que era considerada por todo el mundo normal, pero que presentaba unas características realmente extraordinarias. Estas personas suelen pasar desapercibidas, generalmente no se les da la oportunidad de enseñar al mundo sus capacidades porque los cazatalentos piensan que no dan el perfil adecuado para reportarles cantidades ingentes de dinero.
La persona que es capaz de rallar el pan para rebozar croquetas con el grano más fino, para que sean exquisitas al paladar, y sin necesidad de rallador, está pudriéndose como jugador de fútbol en primera división y desperdiciando todo su talento.
Hay cosas que no concibo.
Hay otro sector de esta población que es más reticente a mostrar aquellos factores que les hacen diferentes a los demás e incluso se maldicen por poseer estos dones.
Conocí hace no mucho a una persona increíble. Tenía una rara mutación en su cuerpo por la que le crecían los pelos de los brazos al mismo tiempo que el pelo de la cabeza. Era un hombre poblado, como un bosque mediterráneo. Lo que más me llamó la atención que que no paraba de quejarse por ello.
Mientras que él estaba totalmente abatido por la realidad que le había tocado vivir, a mi se me vinieron montones de imágenes a la cabeza de todo lo que podría hacer si tuviera los pelos de los brazos como las tiras de una chupa de cuero.
Nadie jamás ha tenido un brazo más mullido donde apoyar la cabeza de su novia mientras estás viendo la televisión en el sofá. Pensaba en ser camarero de un restaurante de postín, tendría la servilleta incorporada en el brazo. Me imaginaba en un centro de relevado, colgándome del cuerpo las instantáneas de los mejores fotógrafos del mundo.
Y me divertía tanto pensando en aquellas posibilidades que se me saltaron las lágrimas.
Como un acto reflejo y sin pensar en lo que estaba haciendo, cogí su brazo para secarme.
Desdentado



