¡El croquetalismo ha llegado!

EXPECTATIVAS

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Uno de los peores inventos de la humanidad son las expectativas, no me cabe la menor duda.
Las expectativas te hacen creer en cosas que son prácticamente imposibles, tener la esperanza de que se vivirán situaciones descabelladas y, cuando no suceden, se encargan, las expectativas, de corroerte y hacerte sentir un vacío interno que resulta prácticamente imposible rellenar.
Durante mucho tiempo pensé que la traición más dolorosa era la de las expectativas y es que no puedes echar la culpa a nadie de no sentirte satisfecho más que a ti mismo. Y reconocer que tú eres el único culpable de tu malestar, además de desorientar tu vida, resulta bien difícil en este mundo en el que pensamos que todo tiene que ver con los demás y no nos incumbe.
Siempre pensé que las expectativas tenían que ver con las aspiraciones laborales, con el sexo con desconocidas, con los resultados deportivos y con lo divertido de las fiestas, pero andaba equivocado, las expectativas abarcan campos muy dispares y que tienen que ver con todos los aspectos de la vida.
Ayer mismo generé un montón de expectativas después de calzarme docena y media de croquetas a media tarde. Tuve la mañana ajetreada, no pude bajar al bar de costumbre a por la ración diaria y cuando despaché todos los asuntos pendientes decidí resarcirme. No sé si fueron los nervios que había acumulado a lo largo del día o es que la bechamel estaba en buenas condiciones; el caso es que estuve toda la tarde con un dolor de barriga insoportable, de esos que no te dejan prácticamente ni moverte, de los que te mantienen encogido sin poder hacer nada más.
Después de probar todos los remedios caseros para tratar de contrarrestar el malestar y como última estrategia desesperada, me bebí íntegramente el caldo de un bote de medio kilo de pepinillos en vinagre y obtuve una reacción inmediata.
Prácticamente no me dio tiempo a llegar al aseo para desalojar el contenido de mi interior y, os aseguro que fue de manera inconsciente, tuve expectativas de terminar con el mal.
Y, por supuesto, fallé.
Me he pasado toda la noche de carreras al váter, en fin.
A lo mejor es un virus.

Desdentado

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