¡El croquetalismo ha llegado!

TOS

Guardado en General

Llevo toda la mañana tosiendo, tosiendo raro además. Es una carraspera continuada que no me deja apenas tiempo ni siquiera para hablar, ni para pedir ayuda, ni tararear la música que suena en el ordenador, ni tampoco para beber un poco de agua y tratar de terminar con esta agonía.
Lo extraño de mi tos no es su bárbara continuidad, por lo menos no es lo más extraño. Lo que me parece realmente extraordinario es la sensación que causan los golpes de aire expulsado al pasar por mi gaznate.
A lo largo de mi vida, supongo que por los ensimismamientos o lo que me cautivan las conversaciones ajenas en los bares, me he atragantado con casi todo lo que es susceptible de atorar la gola de un ser humano; y esto que ahora me pica en la garganta no se parece a ninguno de los alimentos que se atascaron allí en todos estos años.
No puedo evitar temerme lo peor en estos momentos.
Ayer mientras degustaba, después de más de una semana sin bajar al bar de costumbre liado con el sol y la playa, la tradicional ración de croquetas acompañadas de una cerveza fresca, ocurrió un hecho insólito.
Para mí, degustar la primera croqueta del plato es un hecho sagrado, es un rito al que dedico todo el poder de concentración que soy capaz  de conseguir, en el día de ayer un poco más si cabe, debido al tiempo transcurrido desde la última vez. Pues bien, no había llegado todavía a la mitad de esa primera croqueta cuando un aroma extraño me despistó de mi tarea. Cuando me giré para ver qué ocurría, vi a una mujer apoyada en la barra tratando de llamar la atención del camarero, había sido su perfume el que me había hecho desistir de mi deleite.
Tenía las piernas muy largas, tremendamente largas y asomando bajo una falda más bien corta y unos tobillos demasiado finos, excesivamente frágiles para soportarlas. Rematando el camino hasta el suelo había unos zapatos de tacón que parecían ir dejando su marca personal a cada paso.
Puede parecer increíble, pero estoy convencido de que los causantes de mi carraspera son esos tacones, unos zapatos que se han anudado a mi garganta impidiéndome casi respirar.
Lo único que espero es que no se muevan demasiado, no quiero ni pensar que pasaría si se me incrustaran en el cerebro.

Desdentado

Comentarios

Deja tu comentario




Cerrar
Enviar por Correo