Jun
22
Muchas veces he pensado en lo fantástico que sería poder recordar las sensaciones que me inundaron la primera vez que hice algunas cosas, muchas en realidad.
Si pudiera elegir rememorar, o volver a hacer por primera vez, alguna de esas cosas que de tanto repetirlas se han convertido en rutina y perdieron el encanto que tenían las primeras veces que las probábamos, sería, sin lugar a dudas, descubrir lo que se siente al mojar un trozo de pan en la yema de un huevo frito.
Me gustaría sobremanera volver a descubrir lo que se siente al romper el leve telo contenedor y ver, por primera vez, cómo se derrama el oro líquido esparciéndose por el plato.
Si fuera capaz de volver a vivir por primera vez la grandeza de probar un huevo frito trataría de cincelar en mi memoria cada sensación para no olvidarlas jamás, para que no se perdieran, para tener siempre presente la enormidad de las cosas que cada día se nos van escurriendo entre los dedos, preocupados por nimiedades.
A pesar de todo esto estoy tranquilo, todavía a cosas que realizar por primera vez en mi vida, no está todo perdido, existen mil recovecos por escudriñar antes de ir a la cama cada noche. Aunque no sé si serán comparables al del huevo.
Hoy, por ejemplo, me he propuesto vivir una nueva experiencia, aportar a mi anodina existencia una vivencia que jamás antes había imaginado. Después de varios años friendo las croquetas en la misma cocina, ha llegado el momento de limpiar los filtros del extractor de humos.
Tal vez no esté tan mal seguir con las rutinas y fantasear con lo que sería vivir experiencias nuevas.
Desdentado



