Jun
23
DON POÉTICO
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Ayer, mientras trataba de salir del agua, tras un refrescante baño en las aguas amables del Mediterráneo, me di un golpe en la mano derecha con las rocas. Fue un golpe sin importancia, prácticamente ni me había percatado hasta que vi un rasguño que me hizo sangrar por el nudillo del dedo corazón.
El caso es que esta mañana me he levantado con el dedo hinchado, no es una hinchazón superlativa, ni mucho menos, ni siquiera me impide llevar a cabo ninguna de las actividades cotidianas, pero resulta extraña.
Cuando me he decidido a escribirle una nota a mi madre diciéndole que no me esperara a comer hoy, las palabras que surgían de mi mano lo hacían rimando unas con otras (Madre no cuentes conmigo pa las lentejas / las gotas de sudor me resbalan por las cejas. / Tomaré algo fresquico y que se coma con las manos / tal vez unas croquetas con un tinto de verano.)
Ha sido increíble, la emoción me ha desbordado, las palabras surgían solas de mis manos sin necesidad de pensarlas, por sí solas. No he querido lanzar las campanas al vuelo, por si era una falsa alarma, así que he cogido otro papel y he pensado en el bar de costumbre, sin más, las palabras han vuelto a surgir solas de la punta del boli. (Compañera de fatigas en multitud de horas / de montones de cervezas e incontables coca-colas (con ron). / Cada día me cuesta más resultar para ti simpático / será, quizás, por el malestar hepático. / Tu madera suave que aguanta borrachos como ella sola / es de lo que más me acordaré cuando vaya a alcohólicos anónimos para hacer cola.)
Ha sido espectacular, insólito, tremendo. He descubierto un filón que me podría hacer rico y famoso. Soy consciente del lugar que ocupa la poesía a día de hoy en la sociedad, pero si todo lo que escribo está rimado, si se me salen los pareados por los camales, seguramente podría encontrar trabajo en algún periódico local, como tertuliano en un programa de radio o, si no hay otro remedio, vendiendo mis poesías en la plaza mayor de alguna capital de provincia.
Seguramente el influjo del Mediterráneo en mi corazón, el dedo, me ha otorgado el don de la aliteración y el uso de la sinalefa, todo un honor para un escritorzucho que malvive hablando de croquetas.
Pero no podía ser todo tan bonito, por supuesto. Así, cuando he llegado hasta el ordenador para empezar a teclear historias increíbles he permanecido un buen rato sin pulsar ni una sola tecla. El don no funciona aquí. Debe ser que únicamente cuando el dedo corazón guía es cuando fluye la narración poética, así que me he quedado compuesto y sin posibilidades de enriquecerme.
Debería haberme esmerado más en la caligrafía cuando iba al colegio, con mi letra no hay dios que me compre un poema.
Desdentado



