¡El croquetalismo ha llegado!

SEÑOR MAYOR

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Esta semana me he convertido oficialmente en un señor mayor.
Nunca tuve muy claro cómo se llegaba a este punto, nunca hasta que ocurrió.
Salí un momento del bar para dar tres caladas a un cigarro mientras me freían las croquetas y pasó un niño con un rotulador por la puerta. Avanzó explorando la calle hasta que encontró un banco en un reancho cercano. Destapó su arma con sorprendente tranquilidad y se dispuso a ensuciar el mobiliario urbano.
Un ataque de corrección me recorrió el cuerpo y no pude permanecer impasible ante el acto vandálico, así que, como si lo llevara haciendo toda la vida, le llamé la atención y le inquirí que no ensuciara y que le pintara el sofá a su madre.
Sí, lo cierto es que tampoco fui excesivamente original, pero era mi primera vez.
Contrariamente a lo que pensaba que sucedería, me siento bien siendo un señor mayor, he asumido este cambio en mi vida como un hecho inevitable y como la evolución que realmente representa.
Me siento tan a gusto con el estatus que he empezado a amoldarme a lo que conlleva ser un señor mayor. He solicitado la tarjeta de socio del supermercado y he comenzado a recoger los puntos para rellenar una cartilla y conseguir un juego de sábanas por un precio realmente recomendable. También me he comprado unos tirantes y una remesa de camisetas interiores de tirantes. Y, por supuesto, he comenzado los trámites para independizarme.
Tal vez debería haber empezado por buscar un piso, pero he decidido que, para cuando me mude, tiene que haber una asistenta contratada, si soy un señor mayor voy a serlo hasta las últimas consecuencias.
Voy a dejar de vivir con mi madre y voy a tener una asistenta que prepare croquetas y a la que le pueda meter mano mientras quita el polvo.

Desdentado

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