Oct
18
TRES ESTORNUDOS
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Desde hace ya más de un mes llevo estornudando tres veces al día.
El caso es que el número tres tiene su gracia, todo, menos los packs de yogures, se mide de tres en tres; los números que hay que contar antes de empezar una carrera, los tres cerditos, la Pinta, la Niña y la Santa María, el telediario (que lleva empezando a las tres toda la vida), tres tristes tigres y los payasos de la tele.
Ahora, a mi vida cotidiana, he añadido los tres estornudos de rigor. Lo cierto es que no me molestan, casi los agradezco. Son solo tres estornudos distribuidos a lo largo de todo el día, generalmente tras las comidas y que no me piden nada a cambio. He aprendido a convivir con ellos y casi se han convertido en parte de mi rutina.
Creo que me sirven como muestra empírica de que sigo estando vivo. Tienen un cierto parecido con los estertores de mi frigorífico, sonidos que parecen de ultratumba y que pronostican el final de su vida, pero mientras sigan sonando será señal inequívoca de que, aunque agónico, todavía vive.
Pues bien, yo tengo la certeza de que, mientras siga estornudando tres veces al día, podré continuar bajando al bar a por las croquetas.
Desdentado



