¡El croquetalismo ha llegado!

PARTURIENTAS

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Hace poco fui a visitar a un artista. Estando en su estudio le pregunté por cómo iba el trabajo, por cómo llevaba sus esculturas, ésas que llevo viendo desde que tengo uso de razón. Me aseguró que la producción iba bien, solo tenía un problema y era que no parían, que no se reproducían.
Aunque no lo mencionó estoy prácticamente convencido de que, conociéndolas como las conoce, sabe que cuando cierra cada noche la puerta del estudio, sus esculturas mantienen relaciones amorosas y, por supuesto, sexuales pero no se preñan unas a otras. Y ahí es donde radica el problema.
Sé de buena tinta que los quebraderos de cabeza de este hombre no radican en que de un día para otro se le llenen las estanterías de nuevas piezas, de engendros nacidos de sus manos. Lo que realmente le trastorna es que, amándose como se aman, sean incapaces de concebir. El tormento llega a la hora de encontrar la manera de dotarlos de la cantidad de vida suficiente como para que sus cuerpos unidos sean capaces de engendrar un nuevo ser.
El por qué son incapaces de completar el ciclo de la vida es lo que realmente emponzoña el proceso creativo del artista.
Salí de aquella visita con una tremenda sensación de derrota paseando por mis entrañas, era la demostración del fracaso último del ser humano, la imposibilidad de alcanzar la perfección.
Ante tal varapalo no me quedó más remedio que dejar de lado las palabras, incompletas y deficientes, y dedicarme a hacer croquetas, que tampoco se reproducen pero su tostado y su dulce crujir con lo más parecido a la perfección que conozco.

Desdentado

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