Nov
29
Dicen, los que saben, que es por la espuma y por no sé que grandeza que le ocurre a la cerveza, pero yo no termino de encontrar la diferencia entre echar una caña hasta una altura razonable o dejar que rebose.
El caso es que los barman se empeñan en tratar de mostrarnos a los neófitos el éxtasis espumoso cada vez que pedimos que nos rellenen la cerveza, con las consecuencias que esto trae.
Esta mañana, además de acompañar la cerveza con las croquetas de costumbre y echando de menos a alguno de los parroquianos que me iluminan sobre los temas más dispares, he decidido hacer el sudoku del periódico. Con la dichosa manifestación de las grandezas de la caña bien tirada, cada vez que me llevaba la copa a la boca caía una pequeña gota del líquido sobrante en la hoja del periódico, creciendo mi malestar con cada caída. No es que me preocupara el periódico, puesto que ya lo había ojeado del derecho y del revés, sino que me parecía una falta de educación para con quien después tratara de sacar algo en claro de aquellas páginas.
El caso es que he colocado todos los números del sudoku, los últimos al azar porque no había manera de encontrar la combinación exacta, obligándome a no mirar el pequeño charco que se iba formando en la lista de programas de la televisión.
La sorpresa ha llegado al final. Justo cuando iba a cerrar el periódico he sido consciente de que las gotas de cerveza que habían ido cayendo formaban un dibujo singular, una silueta perfectamente reconocible.
El destino, la naturaleza o Dios sabe qué había formado en las páginas del periódico la figura exacta de Juan José Millás.
Estupefacto ante tal acontecimiento he esperado un rato, no me cabía la menor duda de que si había llegado hasta ahí era para transmitirme algún mensaje, algo que necesitara saber para tener una vida plena o, tal vez, un secreto que debía guardar ante cualquier desavenencia.
He permanecido, impaciente, con el periódico delante durante más de una hora, pero no ha pasado nada, tan solo se ha difuminado un poco el contorno de la silueta.
Pasado de largo el mediodía y sin ninguna novedad he tomado una decisión, si no venía a trasmitirme ningún mensaje tal vez era una señal para que dejara guiar mis pasos según su doctrina.
He pedido un gin tónic y me he puesto a husmear entre las mesas que tenía alrededor a ver si encontraba el inicio de una historia.
Desdentado




Por mucho menos se forraron los de las caras de Bélmez. El sábado intentaré hacer un Reverte!