¡El croquetalismo ha llegado!

GRASA

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Cuando quité la tapa del extractor de humos de la cocina brotaron cataratas de grasa hacia la encimera. Lástima no haber tenido una cámara de fotos para poder enseñarlo. Era grotesco, sí, pero de gran belleza, de una belleza extraña.
Lo gracioso fue cuando empezó a desparramarse dejando una estela viscosa por donde pasaba.
Al cabo de un rato había tanta grasa en el suelo que tuve que subirme en una silla para no mancharme los calzoncillos.
Ahora hay una fina capa de grasa instalada por todo el pasillo, el aseo y la habitación, una capa que recoge y abraza todo lo que se posa sobre su superficie. Ha empezado a molestarme en el momento justo en que un billete de cinco euros se me escurría sacando las llaves del bolsillo. Se ha hecho imprescindible darle solución.
En lo primero que he pensado, ha sido en soltar diez gallinas que, aunque no se comieran la grasa, por lo menos la limpiarían de migas. Lo he descartado más que por la posibilidad de que se cagaran, porque las plumas que soltaran se quedarían también pegadas y estaría como al principio. Después se me ha ocurrido esparcir pan rallado y moldear croquetas que podría vender como si fueran de cocido y así enriquecerme y dejar de trabajar para siempre. Después de regocijarme en la idea durante un par de minutos, he empezado a pensar otra opción.
Todavía no he encontrado una solución viable para este disparate, mientras llega, voy pasando el rato deslizándome pasillo arriba y abajo como si fuera un tobogán del parque acuático.

Desdentado

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