¡El croquetalismo ha llegado!

AL GIMNASIO

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Tengo prácticamente decidido que voy a apuntarme al gimnasio.
No es que me atraiga la cultura del esfuerzo físico, ni mucho menos. No tengo intención de reducir mi perímetro estomacal, que actúa como recuerdo plausible de los grandes momentos pasados en torno al plato de croquetas y la caña. Tampoco pretendo comenzar a llevar una vida saludable que mejore mis niveles de colesterol y o de ácido úrico.
La única razón es la de encontrar historias; historias que merezcan ser contadas y que, por rutinarias y cotidianas pasan completamente desapercibidas.
El caso es que este fin de semana me di un capricho. En un intento por cubrir las necesidades de mi espíritu inquieto, el sábado por la mañana fui a la piscina cubierta. Fue realmente divertido.
Pasé un rato en remojo, chapoteando como si tuviera cinco años y encontré a un montón de gente dedicada a dar una brazada tras otra durante un tiempo que me pareció eterno.
Estuve observando un rato a todas aquellas personas y la situación en la que se relacionaban. En una actividad tan solitaria como la de nadar de un lado para otro en una piscina, me pareció encontrar cierta complicidad. Hay cruces de miradas, roces entre los cuerpos y gran dosis de amabilidad a la hora de respetar los turnos.
Pensaba en todo esto mientras respiraba entre un largo y otro, cuando ocurrió lo que me temía. Fue una frase un tanto ridícula (que no repetiré) pero hizo su papel.
De repente un muchacho musculado que había estado haciendo estiramientos en el lugar más visible del recinto, estaba entablando conversación con una mujer madura pero muy bien conservada.
Imaginé que se esperarían a la salida de la piscina, que acudirían a tomar una cerveza a cualquier bar y que, probablemente se harían amantes. Serían infieles a sus parejas por una frase ridícula dicha en un descanso entre brazada y brazada.
Y ese fue el detonante, necesito apuntarme al gimnasio. Si, manteniendo la cabeza debajo del agua la mayor parte del tiempo, surge el amor, imagínate estando en la superficie y entre camisetas sudadas durante todo el rato.

Desdentado

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