Feb
16
SUEÑOS ERÓTICOS
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La historia está llena de alusiones a la perfección del conjunto formado por el alimento y el sexo, ejemplos de lo bien que se han llevado y de lo que lo siguen haciendo, de las intrincadas conexiones entre el estómago y los órganos genitales, de lo apetecibles que nos resultan los alimentos y también los cuerpos, pero, en mi caso, hay una relación alternativa sobre la que todavía no he alcanzado una conclusión que me satisfaga.
El día que, por cualquier motivo, como más de treinta croquetas, sea a la hora que sea, me acuesto con dolor de barriga. Y siempre que me acuesto con dolor de barriga tengo sueños eróticos.
Sueño con montones de mujeres, mujeres desnudas que utilizan sus cuerpos como utensilios para hacerme la vida más agradable. Cuando estoy cansado forman un sofá juntando mucho sus traseros para que pueda acomodarme y si entro a la ducha usan los pezones a modo de esponja para enjabonarme por completo. Son montones de mujeres que me lavan los dientes con los dedos de los pies y me tejen bufandas con su vello púbico y otras cosas que prefiero no mencionar.
Últimamente, cada vez que me acuesto con dolor de barriga, como ya sé lo que viene, hago toda la fuerza del mundo para recordar el máximo de detalles del sueño, no por regocijarme a la mañana siguiente sino para intentar descubrir un gesto, alguna sutileza que me desvele la naturaleza de estos sueños.
Me resultaría más comprensible si, pasado un rato, comenzara a comerme a esas amables muchachas. Así, supongo, mi subconsciente encontraría el motivo para la pesadez de estómago con la que me acuesto, ¿no?
Pero no, no me las como, ni siquiera aparecen cocinando ni, tampoco, el más mínimo rastro de comida, ni una mísera croqueta.
Desdentado




Buenas Tardes, deseo ponerme en contacto con ustedes para poder realizar un trabajo y presentar un trabajo, desde ya muy agradecido, Augusto Garaña